Pese a las críticas, Venezuela invitó al gobierno argentino como veedor electoral

Pese a la catarata de críticas que recibió desde Venezuela y sectores afines al chavismo dentro del Frente de Todos en Argentina por su voto en las Naciones Unidas, el gobierno de Alberto Fernández fue invitado oficialmente para actuar como acompañante de las elecciones legislativas de diciembre en la nación bolivariana, con el objetivo de garantizar la transparencia del proceso electoral. La Argentina debe terminar de definir su postura respecto a esos comicios.

La carta oficial llegó en las últimas horas, luego de la emisión del voto que tanto ruido mediático desató el miércoles cuando el Gobierno votó a favor de una resolución en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, contra Caracas. El documento avalaba los reportes de violaciones a los derechos humanos en Venezuela recopilados por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y el panel de expertos de la misión de recolección de datos, a la par que los empoderaba y alentaba a seguir con su trabajo.

En Venezuela, no existe la figura del veedor sino que se denominan «acompañantes». En el pasado, hubo representantes de ambos lados de la grieta local respaldando sendos lados de la venezolana.

La postura que manifestó el embajador argentino ante los organismos en Ginebra, Federico Villegas, no era desconocida por las autoridades venezolanas. Durante los días previos, la letra de la resolución se trabajó entre los representantes diplomáticos en aquella ciudad con el fin de pulirla. A la par, Villegas revisó la forma y contenido del discurso que brindó ese día con el vicecanciller Pablo Tettamanti en Buenos Aires. A nadie en el Palacio de Miraflores, en Caracas, tomó por sorpresa la definición de la Argentina porque no era secreta.

La Argentina todavía debe definir qué actitud tomar frente a las legislativas de diciembre que la oposición no convalida y, en base a ello, definir su participación en calidad de garante o no del proceso. En Venezuela, no existe la figura del veedor internacional sino que se denominan «acompañantes». Los invita tanto el gobierno como la oposición por lo que, en el pasado, hubo representantes de ambos lados de la grieta argentina respaldando sendos lados de la grieta venezolana.

Federico Villegas, embajador argentino ante la ONU.

Solá: «Que nadie se confunda, el Gobierno mantuvo siempre la misma posición sobre Venezuela»

La resolución aprobada el martes con 22 votos, entre ellos el de Argentina, es clara en cuanto a que no están dadas hoy las garantías de transparencia para la realización de comicios. «La inseguridad de la permanencia en los cargos, la falta de transparencia en el proceso de nombramiento de jueces y fiscales, la precariedad de las condiciones de trabajo y las injerencias políticas, también en lo que respecta a los miembros del Tribunal Supremo, que carecen de independencia de las autoridades y el partido en el poder, socavan la independencia del sistema de justicia, contribuyen a la impunidad y a la persistencia de violaciones de los derechos humanos y obstaculizan la celebración de elecciones libres, limpias, transparentes y creíbles«, sostiene el documento. También apunta contra la «injerencia en la autonomía y la composición de diversos partidos políticos».

Como parte del Grupo Internacional de Contacto, al que ingresó en agosto pasado, la Argentina votó a favor de esta resolución aunque mantiene todavía ciertos reparos sobre el veto a los comicios legislativos pautados para diciembre por Maduro. Sus socios europeos en el GIC intentaron convencer al Ejecutivo venezolano para que aplace los comicios pero el chavismo se negó. Argumentó que la Constitución local fija para enero el recambio en la Asamblea Nacional, otro cuerpo que se fracturó luego que el chavismo ensayara una jugada para colocar autoridades afines en enero pasado y evitar así la revalidación de Guaidó como titular del cuerpo y presidente encargado, de parte de la oposición. El gobierno de Fernández cuestionó la formación de ambos cuerpos paralelos.

La resolución aprobada el martes con 22 votos, entre ellos el de Argentina, es clara en cuanto a que no están dadas hoy las garantías de transparencia para la realización de comicios.

Para la Argentina, los comicios son necesarios como mecanismo de relegitimación del sistema político venezolano en su conjunto, un paso necesario para encaminar luego cualquier diálogo político. Y frente a los recelos de Europa, sostenía su posición sobre la base de que una parte del antichavismo –y no de la oposición que algunos consideran funcional al gobierno venezolano sino  la que lidera el ex gobernador y candidato presidencial Henrique Capriles—, había aceptado participar. También se amparaba en el llamado de la Iglesia Católica para que las fuerzas políticas se involucraran en una salida negociada que incluyera la participación electoral en diciembre.

Tras la negativa de Maduro a postergar los comicios como lo solicitaba Europa, las fuerzas dispuestas a competir en las legislativas anunciaron que se bajaban. Lo que llevó a la Argentina a revisar su postura al respecto. Todavía no hay una definición. Hay quienes aseguran que, de todos modos, la Argentina no desconocería el resultado electoral. No todos coinciden pero allí radica la discusión interna que deben completar antes de definir si participan o no como acompañantes del proceso. Una cosa va ligada a la otra.

A diferencia del gobierno de Juntos por el Cambio, que había adoptado por una política de abierta confrontación con el chavismo como parte de su alineamiento exterior, la administración de Fernández mantiene los canales abiertos tanto con la Cancillería venezolana como con la encargada de negocios de la representación de la república bolivariana en la Argentina. Tampoco Macri había roto por completo los lazos diplomáticos —la embajada argentina se mantuvo siempre operativa— aunque sí los congeló de facto al reconocer a la representante de Guaidó y la Asamblea Nacional, Elisa Trotta, como «única» embajadora de Venezuela.

Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela.

En las 48 horas posteriores al voto, el canciller Felipe Solá y su equipo se dedicaron a explicar la continuidad de la posición argentina con respecto al pronunciamiento que ya habían hecho público en julio, en el mismo Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Es la misma postura que manifestó, desde el año pasado, el propio Fernández, cuando avalaba el informe de Michelle Bachelet sin romper los canales de comunicación con Maduro quien, de hecho, envió a uno de sus ministros, Jorge Rodríguez, a la asunción. Tampoco se quebraron ahora pese a los sonoros cuestionamientos de un sector del Frente de Todos, replicados luego por otros funcionarios venezolanos, los más habituados a las embestidas mediáticas.

A través de su cuenta de Twitter, el canciller venezolano Jorge Arreaza acusó a la Argentina de dejarse «arrastrar por las pretensiones intervencionistas y hostiles del Grupo de Lima», al coincidir en la votación con tres de sus referentes, sentados en el Consejo en Ginebra: Brasil, Chile y Perú. Por su parte, el titular de la Asamblea Constituyente, Diosdado Cabello, calificó de «tibieza» y «frialdad» al Ejecutivo argentino. «Unos presidentes llegan y defraudan», disparó, en sintonía con las acusaciones que vertieron desde esta parte del mapa Alicia Castro, Luis D’Elia, Hebe de Bonafini, Gabriel Mariotto y el Frente Grande.

Del «fuego amigo» a la invitación de Guaidó: efectos del voto contra Venezuela en la ONU

Algunos de ellos citaron la denominada doctrina Drago como argumento para condenar el voto de la Argentina, una de los mayores legados de la diplomacia argentina contra el intervencionismo y el uso de la fuerza en el sistema interamericano. Paradójicamente, Bachelet ha sido una de las voces internacionales que más duro ha cuestionado la presión extranjera sobre Venezuela. Lo hizo en público y en el informe que la resolución avaló.

Y en la Argentina, no fueron pocos los diplomáticos de carrera ya retirados que advirtieron sobre la tergiversación de la doctrina con fines políticos. Se manifestaron a través de sus redes sociales pero también intercambiando opiniones en los canales informales de Whatsapp. De hecho, dentro del servicio exterior argentino, el voto argentino en Ginebra fue celebrado, mayoritariamente, como una muestra de coherencia con la tradición del país en materia de derechos humanos.

MB / DS